sábado, 31 de diciembre de 2016

CAPITULO FINAL




Tuvieron que contestar a bastantes preguntas durante más de una hora, pero al final les permitieron volver a casa. 


Pedro había llamado a su abuela para decirle que estaban bien.


Tomas estaba esperándolos a la puerta cuando llegaron.


—¡Mamá! ¡Papá! ¿Habéis oído las sirenas de la policía? —gritó emocionado mientras Pedro lo levantaba en brazos.


—Claro que sí —respondió. —Hubo un accidente en la carretera —añadió mientras Paula y él se miraban sin que Tomas los viera.


—¿El hombre encontró a su perro?


—El perro estaba bien, hijo —dijo Paula. —Todo terminó bien —dicho eso, Paula se volvió hacia Eleanora—¿Te importaría quedarte otro rato con Tomas? Necesito hablar con Pedro.


—En absoluto. Tenemos planes para nuestro circuito de carreras. Vamos, Tomas, a ver si podemos hacerlo todavía mejor.


Cuando estuvieron a solas, Pedro le dijo:
—¿Por dónde quieres empezar?


Paula aspiró hondo.


—Vamos a dar un paseo por el jardín.


Pasado un rato, encontraron un lugar agradable donde sentarse a la sombra.


—¿Por qué no me dijiste nada de ese tipo... Gabriel? —le preguntó Pedro pasado un momento.


Ella sacudió la cabeza con pesar.


—Gabriel Benson. No dije nada porque pensé que había desaparecido para siempre. Llevaba acosándome desde que lo conocí en la facultad, y aparecía y desaparecía por temporadas. No lo había visto hasta que apareció en una de las fotos de boda del álbum que nos envió Miguel.


—Ah —dijo Pedro. —Lo recuerdo.


Paula le contó que Gabriel había aparecido ese día frente a la casa, y que ella lo había echado.


—Nunca lo había visto tan enfadado, pero cuando no volví a verlo, pensé que se había vuelto a largar —hizo una pausa y aspiró hondo. —Entonces, cuando tú estabas fuera, llegaron las fotos.


Pedro se sentó derecho.


—¿Unas fotos mías con otra mujer?


Ella asintió.


—No se me ocurrió pensar que Gabriel podría haberlas enviado. Pensé que era alguien de tu oficina que te tenía odio por algo —le explicó. —Pero yo no quise creerlo.


—¿Pero por qué no me lo preguntaste, cara?


Paula percibió el dolor de Pedro.


—Lo hice, Pedro. Te llamé. Era por la noche dónde estabas tú, y me respondió una mujer. Tuvo que llamarte para que salieras de la cama, y te habló como si te conociera bien. Entonces supe que me tenía que marchar... Que no podía quedarme con un hombre que me engañaba, por mucho que te amara.


Pedro se quedó perplejo unos instantes.


—¿Entonces fuiste tú la que llamó por teléfono esa noche? Pensamos que alguien quería gastarme una broma.


Se le encogió el corazón, incluso después de tanto tiempo.


—¿Pensamos?


—Laura estaba conmigo esa noche. Es la mujer de mi primo. No pudieron ir a la boda, pero cuando se enteraron de que estaba en la ciudad, fueron a verme. Les dije que se quedaran a pasar la noche conmigo en la suite que había reservado. Ellos se quedaron en la habitación y yo me acosté en el sofá. Laura oyó el teléfono, pero yo no. Fue con ella con quien tú hablaste, cara, y si te hubieras esperado, yo mismo le lo habría dicho.


Paula sintió un sudor frío en la frente mientras se daba cuenta de que había abandonado a Pedro por nada.


—¡Ay, Dios mío! ¡Lo siento tanto! Yo pensé que... Pero debería haberme dado cuenta. Yo te amaba. Debería haberme agarrado a eso.


Pedro se acercó y le echó un brazo por los hombros.


—¿Por qué no lo hiciste, Paula?


—Porque me sentí traicionada. He sufrido mucho, Pedro. Pensaba que Gabriel era un hombre majo, pero resultó ser un individuo enfermo. Por su culpa no volví a confiar en ningún hombre. No dejaba de pensar que acabaría siendo como él. Hasta que te conocí a ti. Contigo empecé a confiar de nuevo, pero no me resultaba fácil. Aún estaba asentando las bases cuando llegaron esas fotos, y me derribaron de nuevo. Me hicieron creer que me habías hecho lo que siempre había temido que hicieras, que era engañarme y destruir mi confianza en ti. No podía vivir con eso, Pedro, aunque te amaba.


Él suspiró al tiempo que la abrazaba con fuerza.


—Ahora lo entiendo. ¿Qué puedo decir? Salí con muchas mujeres antes de conocerte a ti, pero con ninguna desde entonces. No sé quién es esa mujer, ni cómo se haría Benson con esas fotos.


Paula gimió exasperada.


—Y yo no debería haberme creído lo de las fotos —gimió.


Pedro sonrió.


—Tu reacción fue la más normal, cara. Cualquiera se daría cuenta. La confianza es algo muy frágil, sobre todo cuando se ama a una persona. Pero nosotros podemos cambiar eso, amare.


Ella lo miró, preguntándose qué querría decir.


—¿Cómo?


—Creyendo en lo que sentimos el uno por el otro. Yo te prometo aquí y ahora que jamás traicionare la confianza que has depositado en mí. Te amo. Tal vez lo perdiera de vista durante un tiempo, pero la verdad es que siempre te he amado y siempre te amaré, amare —habló con tanta emoción y tanto sentimiento, que Paula sintió que le estallaba el corazón.


—Y yo nunca dejé de amarte, Pedro. Pero tenía tanto miedo de que me traicionaras de nuevo.... Ahora quiero confiar en ti.


—Puedes hacerlo. Olvida el pasado. Si me amas lo suficiente, la confianza volverá. Sólo tienes que creer en nosotros, cara.


Paula lo abrazó con júbilo.


—Lo sé. Pero es que no sé cómo vas a perdonarme por lo que hemos pasado estos seis años. 


Él se echó a reír.


—¿Y cómo no te voy a perdonar, con lo que te quiero? Gabriel Benson ya no está, así que no puede hacernos más daño. Somos libres de vivir nuestra vida como queramos. ¿Sabes lo que quiero yo?


Ella negó con la cabeza, sonriendo por fin.


—No.


—Quiero pasar el resto de mi vida amándote —le dijo con voz ronca y llena de emoción. —Y a Tomas. Y a todos sus hermanos y hermanas.


Paula pestañeó.


—¿Cuántos quieres tener?


Él esbozó esa sonrisa picara que tanto le gustaba a Paula.


—Bueno, un número redondo. Cuatro. O tal vez seis. ¿Qué te parece?


Ella se echó a reír con alegría, y el eco de su risa resonó por el jardín.


—Me parece que te amo, Pedro.



FIN






2 comentarios: